Carta abierta de un mapuche a Piñera

Publicado marzo 25, 2010 por comite por la promoción de derecho
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No represento a nadie y por lo mismo, a todos. A todos quienes leyendo estas líneas sientan que se hace necesario un abordaje distinto del mal llamado “conflicto mapuche”, extraña denominación acuñada por El Mercurio y que deja fuera, olímpicamente, el componente chileno de todo este entuerto. A todos quienes creen es posible construir un nuevo tipo de relación entre ustedes y nosotros.

PEDRO CAYUQUEO –  23 / 03 / 10

Sr. Presidente. 

Se preguntará quién soy y por qué le escribo. También, seguramente, a quién represento. Entrando en materia, soy un periodista mapuche, originario de una reducción del sector de Entre Ríos, en las cercanías de Temuco. Desde hace 7 años dirijo un periódico que trata de dar cuenta del acontecer mapuche en el sur de Chile y Argentina. En ello hemos estado y en ello persistiremos durante su mandato. Sepa que le escribo para rememorar una antigua tradición epistolar que nuestros abuelos mantuvieron con sus antecesores en La Moneda. Es usted, desde el 11 de marzo, el 40 presidente de Chile, partiendo el conteo desde Blanco Encalada y dejando de lado –nobleza obliga- a directores supremos y dictadores. Créame que hasta el presidente Aníbal Pinto, nuestros ancestros se cartearon a menudo con los primeros mandatarios. Nada raro a decir verdad. Se trataba por entonces de dos países distintos y la diplomacia prevalecía con sus códigos. Déjeme contarle que dichas cartas sirvieron para algo más que saludos protocolares o el mero anuncio del envío o retiro de algún embajador nuestro en la capital. Sirvieron también para recordar, los nuestros a los suyos, la vigencia de antiguos pactos; el de respetar la frontera en el río Bio Bio el principal de todos ellos. Y es que sin Internet y menos aun el sobrevalorado Twitter, dichas cartas constituyeron una valiosa herramienta de comunicación. Fueron, como sospechará en este punto, un verdadero canal de dialogo político y abordaje de controversias.

“Señor Presidente Montt. He tenido una junta con mis caciques y también con mis otros aliados y me han facultado poner escritas nuestras palabras en este papel… Tu Intendente Villalón ha vuelto a pasar el Bio Bio a robar otra vez animales con cañones y muchos aparatos para la guerra, trayendo, dicen, mil quinientos hombres, y todo lo que hizo fue quemar casas, sembrados, hacer familias cautivas, quitándoles de los pechos sus hijos a las madres que corrían a los montes a esconderse, mandar cavar las sepulturas para robar prendas de plata, matando hasta mujeres cristianas… Te digo esto para que sepas la verdad… Si este Intendente vuelve a pasar el Bio Bio con gente armada, ya no podré contener a los indios y no sé cual de los dos campos quedará más ensangrentado… Presidente, abre tu pecho y consulta mis razones. Yo se que vos Presidente tienes tanta gente y caballeros. Puedes mandar uno que venga a hablar de paz… Mi nación no hará nunca la paz con Villalón… Espero tu contestación”. Magñil Bueno, Toqui General. Septiembre 21 de 1860. 

Tal era, don Sebastián, el tenor de muchas de las cartas que recibían desde el sur quienes lo antecedieron al mando de la República. Si alguna duda tuviera de su autenticidad, ruego a usted chequear la edición de “El Mercurio” de Valparaíso del 13 de Mayo de 1861. No la encontrará en ningún quiosco de la esquina, pero si en la Biblioteca Nacional. Sección Periódicos, sala Microformatos, para ser más exacto. Sepa usted que el último en recibir una de ellas fue su colega Aníbal Pinto. Tal sería su mala comprensión de lectura que donde decía “detener los abusos” el entendió “cargar los obuses”. Y así lo hizo don Sebastián. Apenas finalizó la Guerra del Pacífico, invadió con su ejército vencedor nuestro territorio, arrasando literalmente con todo a su paso. ¿Vio “Avatar”, la última cinta de James Cameron? Por lo ajetreado de la campaña electoral es probable que no. Pero más de alguno de sus nietos le debe haber hablado de ella. Y si no es así, se la recomiendo. Al presidente Evo Morales dicen que le encantó. Atrévase y escape uno de estos días a su sala de cine más cercana. Le sugiero la vea con los lentecitos 3D, algo inapropiados para su alta investidura, pero efectivos a la hora de apreciar en todas sus dimensiones los alcances de la crueldad y la codicia.

¿Qué tendrán que ver los mapuches con una película de Hollywood?, se preguntará usted a estas alturas. Fíjese que mucho. Y no solo los mapuches, también los aymaras, quechuas, shuar, sarayakus, mayas, mixtecos, cheyennes y un largo etcétera. Y es que cualquier historia de invasión y despojo territorial, desde “Pocahontas” a la sofisticada “Avatar”, no hace más que recordarnos la magnitud de nuestra propia tragedia histórica, el guión de nuestras propias existencias como pueblos. Fue lo que sucedió con los mapuches tras aquella carta mal leída por el Presidente Pinto: invasión, asesinatos, robos y pillaje. Tácticas de tierra arrasada, arribo de colonos extranjeros y confinamiento de los sobrevivientes en campos de refugiados. En su tiempo dichos lugares fueron bautizados como “reducciones”. Sin embargo, en un arranque de originalidad, la Ley Indígena los rebautizó en los años 90’ como “comunidades”. ¡Vaya muestra de humor negro, no le parece a usted! Son aquellos lugares plagados de pinos y eucaliptos que de seguro visitó en su campaña por Lumako, Angol, Collipulli o Los Sauces ¿Los recuerda? haga un poco de memoria; los lonkos octogenarios con quienes compartió un vaso de bebida Cola; los niños con plumitas y a pie pelado que danzaron ante usted simpáticos ritmos; las jovencitas con sus joyas de plata y cintas de colores que lo atendieron bajo el quemante sol; el pebrecito, la sopaipilla, el asadito de cordero.

¿Ya las recuerda? Debería don Sebastián. Según las estadísticas, gran parte de sus miembros lo favorecieron con el voto en segunda vuelta. Y es que más allá de la demagogia escencialista de algunos, el izquierdismo de otros y el indigenismo de unos cuantos, los mapuches –especialmente en los campos- al final del día resultan bastante conservadores. Lo era una tía, que en paz descanse, y lo fueron gran parte de mis tíos, hijos de prósperos comerciantes de ganado devenidos por obra y gracia del colonialismo chileno en pequeños agricultores de subsistencia. Mi tía, de estar viva, habría votado por usted, se lo aseguro. Recuerdo el día en que falleció Pinochet y su infinita tristeza por el “caballero aquel”. “Mató gente, pero pucha que era generoso”, razonaba aquel día, recordando sin duda las pensiones asistenciales, los títulos individuales de dominio y uno que otro cuatrero molesto flotando río abajo en el Cautín. Mi tío, orgulloso y obstinado como pocos, de seguro lo habría espantado con los perros de acercarse usted siquiera medio metro. Lejos del conservadurismo de mi tía, al viejo siempre le atrajeron las ideas socialistas. Se hizo comunista leyendo libros, solía decir. Pero no en la universidad, sino robándole horas al sueño tras largas jornadas hombreando sacos en los fundos del Maule. Tal vez por ello admiraba a Allende. Tal vez por ello, el día en que murió Pinochet, se bajó solito y de puro contento una garrafa de tinto bajo las estrellas.

Y es que mapuches los hay para todos los gustos, don Sebastián. Algunos más a la derecha, otros a la izquierda y uno que otro merodeando por el centro. Como en toda sociedad, como en todos los pueblos, que ello es lo que somos y no precisamente un regimiento. Un pueblo don Sebastián, un colectivo con historia, que carga -a ratos humilde, a ratos orgulloso- con sus héroes y sus victorias, con sus villanos y sus derrotas. Somos un pueblo don Sebastián, por más que la bendita Constitución nos niegue dicho carácter y que la bancada parlamentaria de su coalición solo nos tolere como folclore o atractivo de feria costumbrista. ¿Es tan difícil reconocer que somos una nación? No debería serlo, en absoluto. Somos uno de los pueblos indígenas más numerosos del continente, compartimos patrones culturales, una determinada forma de ver el mundo, un territorio al que sentimos como nuestro hogar y, por si fuera poco, una lengua que si bien amenazada, lejos está por lo pronto de desaparecer. “¿Qué es lo nacional? Cuando nadie entiende una palabra del idioma que hablas”, sentenció el dramaturgo Johann Nestroy. Si usted y yo somos chilenos, don Sebastián, ramtueyu kimnieymi ñi nütram, fewla? chem pieyu, chem pimi? tami tuwün ka inche trawüniekelayngün, wingkangeymi ka mapuchengen, ka mollfüng nieyiñ. Feley kam Felelay? De esto trata a grandes rasgos el conflicto. De hablar y no entendernos. De dialogar y no poder (o querer) escuchar al otro. De mirarnos y no reconocernos ustedes como iguales en nuestra diferencia.

Hay jóvenes de mi pueblo que tampoco lo quieren escuchar ni reconocer a usted, don Sebastián. Cansados de atropellos, hastiados de falsas promesas, han optado por el camino de la rebeldía. En promedio no sobrepasan los 25 años. Y muchos de ellos ya purgan largas condenas de cárcel en diversos penales del sur. Se los acusa de terrorismo en base a una singular legislación, heredada de la dictadura militar y que homologa en Chile el derribo de un avión comercial en Manhattan, la explosión de un cochebomba en Bagdad y la quema de un galpón con fardos en Ercilla. Surrealismo puro, podrá coincidir conmigo. Todos ellos sueñan con el País Mapuche de nuestros abuelos. Lo extrañan, lo añoran, lo reivindican y lo garabatean en los muros. Tres jóvenes han pagado con su vida este atrevimiento. Balas policiales acribillaron a dos de ellos por la espalda, agentes del Estado, cuyos sueldos pagan los impuestos de todos los chilenos, fueron los responsables. Todos gozan no solo de absoluta impunidad, sino también del aplauso cómplice de sus mandos civiles y uniformados. ¿Puede usted, don Sebastián, evitar que nuevos jóvenes derramen su sangre en los campos del sur? No los minimice, no los ignore, no los estigmatice. Busque dialogar con ellos. Sus ideas, por minoritarias que sean según las encuestas de Libertad y Desarrollo, constituyen parte de la arcilla con que moldeamos hoy nuestro futuro. No desate sobre ellos una jauría.

Si en algo lo tranquiliza, no será usted el primer gobernante en afrontar dicho desafío. Ejemplos en otras latitudes tiene de sobra. En su momento, el fascismo español optó frente a las reivindicaciones vascas, gallegas y catalanas por la inconducente lógica de los calabozos. En la otra frontera ideológica, mismo camino siguieron los jerarcas soviéticos al aplastar con el buldózer de la integración las reclamaciones nacionales de chechenos, armenios y osetios, entre otros pueblos. Sepa usted que ambos extremos fracasaron en su intento. España, sacudida de Franco, encontró finalmente en las “Autonomías Regionales” un camino para pacificar espíritus y dar cauce político a un reclamo que interpelaba a diario su democracia. Nostálgicos del dictador pronosticaban con ello el fin del estado español. Nada de aquello sucedió, claro está. Cierto es también que hay quienes nunca aprenden. Los mandatarios rusos, por ejemplo. Y es que tras el derrumbe de la URSS, el histórico abordaje militar del llamado “problema de las nacionalidades” continuó intacto. Los tanques y la fuerza bruta siguieron marcando en los 90’ la agenda del día en muchas de las pobrísimas repúblicas del Cáucaso. Sucede hasta nuestros días don Sebastián. Es cosa de sintonizar por las tardes Telesur o CNN. O Chilevisión después de Yingo, si así lo prefiere. 

Una pregunta queda en el aire, lo reconozco. ¿A quién represento? En verdad a nadie don Sebastián. Ni a mi reducción, ni al partido mapuche donde milito, ni al periódico que dirijo. Mucho menos a mi pueblo. No represento a nadie y por lo mismo, a todos. A todos quienes leyendo estas líneas sientan que se hace necesario un abordaje distinto del mal llamado “conflicto mapuche”, extraña denominación acuñada por El Mercurio y que deja fuera, olímpicamente, el componente chileno de todo este entuerto. A todos quienes creen es posible construir un nuevo tipo de relación entre ustedes y nosotros, una donde la diversidad de lenguas, saberes y culturas no sea sinónimo de amenaza o antesala de apaleos. No represento a nadie don Sebastián, pero créame que son muchos quienes comparten conmigo el trasfondo de esta misiva, que no es otro que dar una oportunidad a la palabra. O a las letras. Consultado de por qué los mapuches no habíamos construido jamás grandes pirámides o grandiosos templos, un gran poeta de mi pueblo respondió que nuestro principal monumento era la palabra. Puede que también lo sean las letras, que es la forma en que las palabras de nuestros abuelos se volvieron cartas para seguir existiendo. Letras ajenas, don Sebastián, pero incorporadas por la necesidad de los suyos colonizar y los míos de resistir.

En este punto me despido de usted. Guarde cuidado, no espero respuesta oficial alguna de su parte. Ocupado estará en innumerables asuntos de Estado. Tampoco fantaseo con algún acuse de recibo de esta carta. Me conformaría con que alguno de sus asesores la mencione algún día, aunque fuera solo anecdóticamente al pasar.

Atentamente a Usted,

Pedro CAYUQUEO

 

 

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La paja en el ojo ajeno: Gobierno chileno condena situación de derechos humanos en Cuba

Publicado marzo 23, 2010 por comite por la promoción de derecho
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El gobierno chileno de Sebastian Piñera “condena situación de derechos humanos en Cuba”, que sucede con el caso de los 100 presos políticos mapuche que existen “adportas del bicentenario”, entre estos del joven comunicador Pascual Pichún, y con los asesinato de los jóvenes Alex Lemun, Matias Catrileo y Jaime Mendoza Collio en esta pseudo democracia

por http://www.mapuexpress.net

Ngulumapu – En Chile existen “Cien presos políticos mapuche adportas del bicentenario”, señala el reporte de la periodista Lucia Sepulveda realizado en septiembre del 2009. La persecución política y la prisión no escatima en que sean mujeres o menores de edad, autoridades tradicionales o sustento de sus familia, nada más alejado de lo establecido por el Convenio 169 que exige se privilegien las penas alternativas a la prisión en el caso de las personas indígenas y a lo señalado por los organismos de Naciones Unidas las que, por su parte, condenan la persecución de los mapuche defensores de los derechos humanos.

El último de estos casos de prisión política de personas mapuche es el del joven comunicador Pascual Pichún Collonao, hijo del Lonko Pascual Pichún de Temulemu (Ercilla) quien fue detenido el día 26 de febrero en Temuco. Se refugio en Argentina durante 5 años fue, tras ser acusado el año 2002 de incendiar un camión forestal en las inmediaciones de su comunidad, fue condenado por los tribunales chilenos a pesar de no existir pruebas concretas en su contra.

Asesinados en la pseudo democracia

La cuestión que resulta más dolorosa para el pueblo mapuche son los casos de asesinados en esta pseudo democracia el caso de Alex Lemun el 2002, ejecutado por una bala en la cabeza por el teniente de Carabineros de Chile Marco Aurelio Treuer, quien le disparó a quemarropa en una recuperación de tierras de la Comunidad Mapuche “Montutui Mapu” del sector Aguas Buenas de Ercilla.

El caso de Matías Catrileo, quien el 2008 recibió por la espalda una ráfaga de subametralladora UZI por parte del cabo 2º de Carabineros, Walter Ramírez Espinoza, y el caso de Jaime Mendoza Collio el 13 de agosto de 2009 de la comunidad Requén Pillán, quien tras resistir la arremetida policial, recibió el disparo de una pistola 9 mm percutida por el Cabo del GOPE Miguel Jara. Estos y otros casos los que hasta hoy no han tenido una respuesta plena, de completa justicia, por parte del Estado chileno.


LAS VIOLENCIAS CHILENAS

Publicado marzo 12, 2010 por comite por la promoción de derecho
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POR HELIO GALLARDO

Alai, marzo

2010.
A cada chilena/chileno le toca sufrir al menos un terremoto en su existencia. Se reparten por todo el territorio: norte, centro y sur. Algunos van acompañados de maremotos que, si no son previstos, destruyen muchas vidas. En su estadística larga, los sismos parecen ‘preferir’ el norte lo que, dentro del infortunio, es menos malo porque allí es donde reside una menor cantidad de gente. Por fortuna, la capital, Santiago, con un 40% de la población (hoy, unos 7 millones de personas) total, no fue particularmente afectada por terremotos durante el siglo XX. El del 27 de febrero recién pasado, conmovió a Santiago, pero su epicentro estuvo más próximo a la ciudad de Concepción, 500 kilómetros al sur.

El cable ha informado de los daños y muertes causados por la pareja terremoto/maremoto, y ha mostrado también imágenes de enfrentamientospor saqueos realizados por necesidad o negocio y acciones vandálicas que ‘obligaron’ al gobierno a imponer un Estado de sitio en Concepción. Un periódico lo narra así: “El caos social en Concepción dio la vuelta al mundo. Durante el lunes el sonido de las sirenas de ambulancias y bomberos se mezcló con el ruido de 25 tanques y con tiros que militares lanzaban al aire: en un día hubo cinco incendios intencionales, según Carabineros, para distraer a las fuerzas del orden y así saquear tiendas y edificios aledaños”. La fuerza del terremoto se combina con la violencia social. La violencia que afecta a la propiedad y al ‘orden’ de los propietarios, convoca la represión de los cuerpos militares o militarizados. Carabineros es policía militarizada. El Estado de sitio impuesto por el gobierno de Chile le significó movilizar entre 7 y10 mil soldados.

Alguien no chileno podría preguntarse. ¿Para qué tanto soldado pertrechado como para una guerra de exterminio? Cascos, armas pesadas, tanques, lanzacohetes, vehículos acorazados. En otros países-desastres se utiliza a militares para cooperar con la Cruz Roja y cautelar la distribución gratuita de ayuda. Los soldados chilenos, en cambio, protegen a las grandes tiendas y a los megamercados. No están allí para aliviar a una población que muy mayoritariamente no es delincuente. En Concepción la autoridad militar limitó a seis horas diarias el tiempo en que se podía salir a la calle para buscar agua, alimento o combustible. El resto del día, los civiles eran juzgadosagresores potenciales.

Ni televisión ni cable muestran o enfatizan que el auxilio necesario y urgente ha sido lento o no llegó. El control militar, en cambio, fue pronto masivo. Un chileno opina que si los empresarios a quienes se defiende del saqueo hubiesen donado alimentos a la población, el asalto se habría minimizado y los alimentos perecibles no se hubieran podrido. Porque hambre había. Pero a empresarios, políticos y militares chilenos, ‘donar’ horizontalmente una parte de su propiedad y bienes, incluso en un situación de casi entero desamparo, les parece intolerable, un robo vil. Reservan su bondad para elshow de la Teletón. En la vida diaria, en cambio, exigen soldados y carabineros para que secuestren a la población y disparen, como escribe el periodista, “al aire”, o a matar.

En Chile militares y policías han hecho bien su trabajo de disparar a matarpara asegurar la propiedad señorial y el ‘orden’ oligárquico y neoligárquico. Un Premio Nacional de Historia de ese país, Gabriel Salazar, resume el punto: “Es la vieja práctica del Ejército chileno que, recordemos, se formó matando mapuches y después rotos y peones. La gran solución siempre ha sido tirar a matar y el problema continúa: cuento 23 masacres y todas contra la clase popular”. Además de la destructividad de sismos y maremotos, Chile es un país de masacres. Sus Fuerzas Armadas y su Policía  han sido casi siempre el brazo armado y cruel del imperio señorial. Han golpeado a indígenas y campesinos que reclamaban la usurpación de sus tierras (Ranquil, 1934), a obreros que se levantaban contra la superexplotación que los aniquilaba junto con sus familias (Santa María de Iquique, 1907), o a pobladores que ocupaban terrenos para levantar sus campamentos (Pampa Irigoyen, 1969). No solo han asesinado a humildes. También dieron forma a un ‘espectáculo’ urbano con la matanza de 59 jóvenes y estudiantes en el edificio capitalino del Seguro Obrero (1938). Son solo ejemplos. La sensibilidad de los aparatos militares chilenos se forjó asimismo en guerras racistas de rapiña, saqueo y ocupación contra las poblaciones y territorios deBolivia Perú (s. XIX). Una de sus batallas, la de Yungay (1839) suele considerarse fundacional de la ‘nación’ chilena. Estas masacres y guerras se mantienen en la memoria como “glorias patrias”. Son ejemplares.

Más recientemente y durante 17 años (1973-1990) los aparatos militares y policiales chilenos acosaron, saquearon bienes, encarcelaron, violaron, torturaron, secuestraron, antes de destrozar o ‘tirar a matar’ a millares de civiles. Obtuvieron ventajas por su comportamiento. Ya no fueron brazo armado de los patrones, sino una sección armada y bien pagada de ellos. La mayor parte de sus delitos está impune. La ‘cultura’ del miedo, la sujeción y también la explosiva irritación y la tosca arrogancia son constitutivas del ‘éxito’ chileno’. En Chile, empresarios, políticos ‘oficiales’ y magistrados presumen de ‘sus’ fuerzas armadas.

La Naturaleza no sabe que hace violencia. Una cultura de violencia como la chilena debería agraviar a todos. La Naturaleza no se jacta de nada. Los dueños de Chile, desde siempre, llaman a su brutal violencia impune, “la Patria”. La bendicen.
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En este trabajo se utilizó una entrevista a Gabriel Salazar: “El descontento va a seguir y la única vía será robar” (entrevista, La Nación, 03/03/2010, Santiago de Chile), un artículo de Juan Sepúlveda: “El terremoto del bicentenario: un crudo scanner al país” (Comité Ecuménico de ProyectosChile) y otros materiales periodísticos.

Contraloria General de la República se pronuncia frente a irregularidades de la Comuna de La Pintana

Publicado febrero 8, 2010 por comite por la promoción de derecho
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Un fallo  categórico entregó la Contraloria General de la República, frente a las irregularidadesd cometidas por la autoridad municipal en la construcción del Estadio de la Comuna: La principal negligencia  es el abandono de deberes a la hora de proteger el bien público y el patrimonio de la comuna.

 

A despenalizar la libertad de expresión

Publicado febrero 6, 2010 por comite por la promoción de derecho
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En 2009, siete radios comunitarias fueron cerradas por transmitir sin licencia, acusadas de interceptación de telecomunicaciones, lo que según la Ley General de Telecomunicaciones supone sanciones que van de multas e incautación de equipos hasta penas de prisión.

“Hay que impedir que más radios comunitarias sean silenciadas con la aplicación del derecho penal a la libertad de expresión, dijo a IPS Juan Enrique Ortega, de la no gubernamental Educación y Comunicaciones (ECO).

Radio Sin Tierra es una de las radios silenciadas. Se trata de una iniciativa de vecinos y estudiantes que trabajan voluntariamente en la emisora de Peñalolén, un sector popular del sureste de Santiago.

“Estoy en calidad de imputado por simplemente estar comunicando, por nuestra libertad de poder comunicarnos con el resto de la comunidad”, dijo a IPS Fidel Galaz, uno de los radiodifusores de la emisora clausurada.

“Todos tienen derecho a comunicarse, más allá de si cuenta o no con los recursos para pagarle a la Subtel”, enfatizó en referencia a la Subsecretaría de Telecomunicaciones, que se ocupa del otorgamiento de las licencias para operar el espectro radioeléctrico, un requisito que exige una inversión de la que esta radio comunitaria no dispone, al igual que otras muchas.

ECO estima que en Chile se debe invertir el equivalente de 2.000 dólares para postular a una licencia, sin que en contrapartida exista un sistema de subsidios destinado a promover la comunicación comunitaria y la igualdad de acceso.

Galaz rechazó el ofrecimiento del tribunal de una salida alternativa que suponía acoger la denuncia en su contra y terminar sus transmisiones, para liberarlo de posibles condenas.

Para este comunicador eso significaba el abandonar un proyecto colectivo y aceptar que los silenciaran. De ser condenado, se arriesga a tener que pagar una alta suma en multas y a una pena de hasta tres años de prisión.

La exigencia de terminar con lo que denominan la criminalización del ejercicio de la radiodifusión, es uno de los motores de la plataforma social conformada por la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc), la local Red de Medios de los Pueblos (RMP), la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, ECO y la Corporación La Morada.

La presidenta para América Latina de Amarc, María Pía Matta, dijo a IPS que “la coerción por parte de los estados y aplicar el derecho penal en esa materia nos parece que es atrasado”.

Matta subrayó que al criminalizar la radiodifusión comunitaria, Chile ” no está cumpliendo con los estándares internacionales a la que todos los gobiernos de América Latina se han suscrito a través del Pacto de San José de Costa Rica”, como se conoce la Convención Americana sobre Derechos Humanos, vigente desde 1978.

En su visita a Chile en septiembre, la Relatora por la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Catalina Botero, sostuvo que “el derecho penal no está hecho para perseguir” a quienes ponen emisoras comunitarias. “El derecho penal está hecho para perseguir asesinos, ladrones, estafadores” y no a comunicadores, aseguró.

En América Latina, solo Chile y Brasil mantienen la transmisión sin licencia como un delito penal.

Las organizaciones de comunicación y las radios comunitarias exigen que se derogue el artículo 36b de la Ley General de Telecomunicaciones, que califica de delito penal emitir sin licencia y es una herencia de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990).

La norma nació en 1982 como un Decreto Supremo de Pinochet, con el fin de perseguir y acallar a los medios opositores.

Pasados 20 años de la recuperación de la democracia, solo ahora el ya saliente gobierno de Michelle Bachelet se ha mostrado dispuesto a enviar al bicameral Congreso legislativo un proyecto de ley que elimine la criminalización de la radiodifusión comunitaria sin licencia.

“El Gobierno se comprometió a estudiar y enviar un proyecto de un solo artículo que modifique la ley vigente, de manera de evitar las penas corporales para estos delitos”, sostuvo la ministra de la Secretaría General del Gobierno, Pilar Armanet.

La iniciativa se enviaría al comenzar marzo, en las vísperas de que el día 11 la socialista Bachelet entregue la presidencia a Sebastián Piñera, el multimillonario empresario de derecha que ganó las elecciones del 17 de enero.

Así que sólo si el Ejecutivo establece un trámite de urgencia la derogación de la medida no quedaría atrapada entre las prioridades legislativas que establezca el nuevo gobierno.

Para la presidenta regional de Amarc, además no hay certeza sobre cuál sería la posición en la materia del gobierno de Piñera.

Y en cualquier caso, aunque se elimine la pena de prisión para la radiodifusión sin licencia, se mantendría la incautación de bienes y la imposición de multas.

El informe sobre Radiodifusión en Chile, producido por RMP y ECO y difundido en diciembre, revela que casi la totalidad de las acciones judiciales fueron interpuestas por miembros de la Asociación Nacional de Radiodifusores de Chile, que agrupa a las emisoras comerciales.

Para la RMP se trata de una persecución con tintes ideológicos y de imposición de las reglas del mercado, donde las comunicaciones son vistas solo como un negocio, y que se traduce en el hostigamiento a los comunicadores comunitarios y su criminalización por la justicia.

Esa persecución “implica que se hace un rastreo, un seguimiento de quienes son las personas que están tras los medios comunitarios con el fin de denunciarlos a la Secretaría de Telecomunicaciones o directamente al Ministerio Público”, dijo a IPS Paulina Acevedo, integrante de RMP.

Los radiodifusores comunitarios recibieron en enero una noticia que les tiene satisfechos a medias. En enero, el parlamento aprobó una ley que crea los servicios de radiodifusión comunitaria, lo que beneficiaría a las cerca de 400 radios comunitarias con licencia en el país, que actualmente funcionan bajo la figura de radios de mínima cobertura.

La nueva ley, que está a la espera de su promulgación por Bachelet, reconoce legalmente su carácter social y comunitario, ofrece algunas mejoras técnicas, como el aumento de su potencia a 25 vatios, y amplia las concesiones hasta 15 años.

RMP, que agrupa a más de 50 medios comunitarios de distinto tipo, considera un avance la nueva norma, pero también alerta que supondrá una restricción para la proliferación de estos medios, ya que las relega a un segmento que limitará la posibilidad de concesiones.

También cuestiona que las emisoras tengan que ser certificadas como “comunitarias” por la División de Organizaciones Sociales de la Secretaría General del Gobierno, porque condiciona el permiso a la voluntad de turno de un gobierno, lo que facilitará abusos y arbitrariedades.

Para Ortega, de ECO, el problema es que no se entiende que el derecho a la comunicación es parte esencial de los derechos humanos. “Para avanzar en el reconocimiento y garantizar la libertad de expresión hay que democratizar las comunicaciones, y eso no se logra con esta ley”, agregó.

Según la ley, las radios comunitarias no podrán ocupar más de cinco por ciento del espectro radioeléctrico chileno.

Las organizaciones sociales y los radiodifusores comunitarios han planteado al gobierno saliente que este mes se realice una mesa de trabajo especial, con amplia participación de la sociedad civil, para discutir los criterios para la redacción del reglamento que determinará la aplicación de la ley de Radios Comunitarias.

En esa instancia, podría adecuarse mejor las normas de cumplimiento a la realidad de estos medios populares, y al mismo tiempo impulsar que quede derogado antes del 11 de marzo el artículo que faculta que a los comunicadores comunitarios se les aplique el Código Penal.

A la comunidad

Publicado febrero 2, 2010 por comite por la promoción de derecho
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El pasado jueves los jueces DEL SEXTO TRIBUNAL DE JUICIO ORAL EN LO PENAL DE SANTIAGO se pronunciaron frente a la denuncia interpuesta por Paloma Cárcamo en contra de un funcionario Municipal acusado por cometer abusos sexuales y violación en su contra.

En esta ocasión el fallo no incorporó todos los elementos de prueba y todas las situaciones que rodearon este proceso. Finalmente los jueces señalaron que no existen pruebas suficientes para acreditar las denuncias de Paloma.

LOS HECHOS. Desde que se inició el proceso de denuncia en contra del funcionario municipal acusado por la secretaria de su departamento hubo una serie de irregularidades que hablan por su propio peso.

Primero el acusado y los testigos declararon situaciones y hechos distintos ante el tribunal y en el sumario administrativo que se llevó a cabo al interior de la dependencia municipal. Es decir en alguno de los dos lugares faltaron a la verdad. Este hecho es una situación grave, más grave aún cuando son funcionarios públicos quienes faltan a la verdad de esta forma, toda vez que los funcionarios públicos están obligados a denunciar los delitos de los que son testigos o los que están en su conocimiento.

Segundo. Hubo permanentemente una estrategia para dejar sin efecto el juicio por razones administrativas y de forma, sin abordar el fondo de la denuncia y sin la intención de alegar la inocencia del acusado. Una estrategia muy utilizada por los defensores de los violadores a los derechos humanos en los juicios, y por cierto una estrategia muy considerada por los jueces.

Tercero. Hubo pruebas que quedaron fuera del juicio y no fueron consideradas en la sentencia por razones administrativas, como un servilleta, que el acusado y sus testigos señalan que fue escrita por la denunciante para proponer un encuentro sexual (con sus compañeros de trabajo asistente al almuerzo, en el día de la secretaria). Los peritos de la Policía acreditaron que esa prueba es falsa y no corresponde a la letra de la víctima, muy por el contrario esa fue una prueba construida y falsificada.

Cuarto. Se utilizan como testigos a funcionarios municipales que están jerárquicamente en situación de inferioridad respecto del acusado.

Quinto la fiscalía no realizó la tarea de investigar los hechos y se cae en el absurdo de aceptar como respuestas de los testigos que no recuerdan el lugar donde concurrieron a celebrar el día de la secretaria, lugar donde parte la cadena de hechos posteriores.

Sexto. Ninguno de los testigos que estaban en la comida se acuerda del hecho de la servilleta, ni lo declaran en el sumario administrativo ni en el posterior juicio, por lo cual caben dos hipótesis: o estaban todos bajo el efecto del alcohol lo cual indudablemente no les permite saber que paso en ese almuerzo, inclusive de la existencia de una servilleta escrita; o todos se coludieron para crear una prueba falsa para encubrir un posible delito que habría de ocurrir.

Si se aceptara la primera hipótesis, entonces todos los testigos mintieron en el sumario y en el Juicio, pues ellos juran que tomaron sólo bebidas y muy poco alcohol, pero se acuerdan de lo que comieron y bebieron, pero no de la servilleta, y si fuera así Paloma no habría estado conciente de sus hechos, lo cual indudablemente echaría abajo la afirmación de los testigos de que existió consentimiento mutuo entre las partes.

Si se aceptara la segunda hipótesis, entonces todos sabrían de la existencia de la servilleta, de su confección y de la falsificación de la letra y firma de Paloma, hecho que fue verificado por un peritaje de investigaciones, ¿ pero con que oscura intenciones se falsifica algo para presentarlo como prueba en un tribunal?.

La sentencia de los jueces es que no ha sido posible acreditar el delito que Paloma denuncia, es decir la violación, sin embargo acá podemos dar cuenta de varios ilícitos, e irregularidades que debe continuar investigándose.

Comité por la Promoción de Derechos Humanos

Cabildo: La Pintana se organiza y tambien goza

Publicado enero 21, 2010 por comite por la promoción de derecho
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